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PASION POR LOS NEGOCIOS por Miguel Garces

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Wednesday, January 05, 2005

Para comunicarnos mejor

http://www.mentat.com.ar/index.html
Si tienes habilidades interpersonales pobres (especialmente en la
comunicación) tu productividad será pobre simplemente por carecer de las herramientas necesarias para influenciar, para persuadir y para negociar con otras personas. La comunicación es el "solvente" universal para todas las áreas de relaciones interpersonales. En vista de esto, dominar la comunicación y la escucha activa evita conflictos y malentendidos, y ayuda a tener éxito en cualquier área.

Las siguientes son algunas recomendaciones que ayudarán a incrementar
tus habilidades de comunicación y te facilitarán llegar a ser un
verdadero oyente activo:

1. Hazte más consciente de tu propio estilo de comunicación. Entender
tu estilo personal para comunicarte podrá ayudarte - si lo pules - a
crear impresiones buenas y duraderas en otras personas. Siendo más
consciente de cómo otros te perciben, puedes adaptarte más fácilmente a sus estilos de comunicación. Esto no significa que tienes que ser falso o un imitador, cambiando con cada personalidad que tratas. En vez de eso se trata de hacer que la otra persona se encuentre más cómoda contigo, seleccionando y acentuando ciertos comportamientos que ya poseas dentro de tu personalidad y armonicen bien con la de la otra persona. Esto te preparará para transformarte en un verdadero oyente activo.

2. La gente habla de 100 a 180 palabras por minuto, pero puede escuchar y pensar inteligentemente a más de 600 palabras por minuto.
Habitualmente, y puesto que solamente una parte de nuestra mente está prestando atención, es fácil distraerse - pensando de otras cosas mientras se escucha a alguien. Si estás encontrando particularmente difícil concentrarte en lo que está diciendo alguien, intenta repetir sus palabras como él o ella las dice - esto reforzará mentalmente su mensaje y te ayudará a controlar el divague mental.

3. Utiliza la comunicación no verbal para aumentar el flujo de la
comunicación interpersonal. La comunicación no verbal sugerida consiste en mensajes adecuados y pertinentes mediante expresiones faciales tales como sonrisas, gestos, contacto visual, e incluso tu postura corporal. Así demuestras a la otra persona que ella realmente se está comunicando contigo y que tú estás escuchando activamente. Esto le estimulará a la otra persona para mantener un canal abierto contigo y para generar otras comunicaciones mientras que evita malentendidos costosos y pérdidas de tiempo.

4. Tal como ocurre en la lectura, recuerda que lo que alguien dice y lo
que nosotros oímos puede ser muy distinto. Nuestros filtros,
asunciones, juicios, y creencias personales pueden tergiversar lo que oímos.
Recapitula inmediatamente o resume para asegurarte de que entiendes. Expone en forma personal lo que piensas que escuchaste y pide corroboración a tu interlocutor.
La reconstrucción sirve para reforzar y confirmar las comunicaciones
entre tú y los otros.

Desarrollar el análisis y la síntesis
El análisis implica abrir las cosas y dividirlas en sus partes, y la síntesis es lo que hacemos al armarlas nuevamente. Cuando armonizan bien, estas dos habilidades aportan gran eficacia mental y un pensamiento más preciso.

Trata de incorporar estos principios:

Reconoce las pautas de que te sirves para poner el mundo en orden. Practica ejercicios para cambiar de puntos de vista. Colócate en la mentalidad de otros y trata de ver las cosas como ellos las ven.

Emplea un método empírico siempre que puedas. No creas en las cosas de buenas a primeras, obsérvalas con cuidado, prueba las ideas, disponte a ajustar tu opinión sobre la base de la evidencia que puedas recoger.

Convierte en hábito tener conciencia de cómo haces para dividir mentalmente tu experiencia. ¿Qué categorías empleas para ordenar tus observaciones?

Conciencia de la autoconciencia
Te proponemos el siguiente ejercicio:

Toma lápiz y papel

Piensa en alguna actividad que sepas como la realizas

Escríbela siguiendo todos los pasos, trata de hacerlo de manera exhaustiva, sin obviar ningún detalle por más pequeño que parezca.

Piensa en una actividad que haces y no sabes cómo, simplemente la haces.

Siguiendo la secuencia del punto 3, escríbela también siguiendo todos los pasos.

Logra ser aún mas detallista que antes.

Habrás adquirido una nueva capacidad para demostrar cómo has aprendido los conocimientos.
Prueba aplicarlo en tareas cada vez más complejas y te convertirás en un maestro
Este es uno de los secretos de la excelencia.

Decidiendo
Perdemos tiempo valioso en problemas mal planteados o equivocados y muchas veces descuidamos un aspecto elemental a la hora de tomar decisiones: saber claramente qué es lo que deseamos. Siempre es necesario tener definido un objetivo y estar motorizados por un propósito. Esto es así porque toda decisión está ligada a un propósito y debemos ser nosotros los que determinemos conscientemente eso.

La toma de decisiones correctas forma parte de una buena educación mental. Y a tomar buenas decisiones también se aprende.

Trata de seguir estas recomendaciones:

Ser más conscientes de las decisiones que tomamos. Reconocer y diferenciar bien las que se toman por hábito de las que surgen después de análisis.

Determinar cuáles son los criterios con los que tomaremos las decisiones. Cada alternativa debe ser analizada al detalle, no panorámicamente. De esa forma podremos establecer comparaciones funcionales.

A la hora de tomar decisiones clarifiquemos nuestro propósito. Adoptemos el principio de simplificar con claridad. Esto no debemos confundirlo con el análisis de las decisiones posibles, que debe ser al detalle. Estamos en la antesala de las decisiones: la correcta definición de los problemas. Brevedad, concisión y corrección a la hora de pensar en lo que motiva las decisiones a tomar.

Cada decisión importante debemos tomarla en base a sopesar pensamientos y sentimientos. Las alternativas correctas debemos sentirlas correctas. Una vez adoptada una decisión debemos llevarla a la práctica con perseverancia y serenidad; no deberíamos arrastrar el peso de la duda o la mala asimilación.


Jugando con hipótesis y consecuencias
Cuando pensamos, lo hacemos desde nuestros particulares "hábitos y fijaciones", y si realmente deseamos desarrollar flexibilidad mental tenemos que hallar formas de asumir nuevos puntos de vista o nuevos enfoques y sin sentirnos incómodos con ello.

Una manera razonable y efectiva de ampliar nuestras posibilidades es mediante un estilo lúdico; esto es, jugando con nuestros pensamientos, ideas e imágenes. Quizás nos resulte tan entretenido como resolver crucigramas - para practicar en una espera prolongada, en un viaje o en un intervalo vacío de actividades - el juego mental de las "hipótesis ingeniosas". Esto comienza con la pregunta "¿Qué ocurriría realmente si...? y después tenemos que jugar con todas las posibles consecuencias que se nos puedan ocurrir.

Ejemplos:

¿Qué pasaría si todos fuéramos a vivir un milenio como promedio?

¿Qué pasaría si nuestra capacidad de memoria fuera perfecta?

¿Qué pasaría si los países del norte se hundieran completamente en el océano?

¿Qué pasaría si pudiéramos prestarle atención a 20 cosas simultáneamente?

¿Qué pasaría si percibiéramos movimiento real a razón de 70 cuadros de imágenes por segundo en vez de a 25?

¿Qué pasaría si nuestras mascotas pudieran hablar?

¿Qué pasaría si una civilización extraterrestre nos contactara abiertamente?

Especular jugando es otra forma de desarrollar la creatividad. Disfrútalo.

El valor del error
No tengas miedo a cometer errores. Eso obstaculiza el desempeño intelectual. Responde a los desafíos abiertamente. Es una oportunidad de descubrir errores para corregirlos. Quienes no admiten sus fallos jamás los superan. Admitir que nos hemos equivocado y rendirnos ante la verdad; eso es una clara manera de avanzar y es así como avanza el conocimiento. Madurar intelectualmente implica poder cambiar las creencias falsas, y apegarse a los errores nos hace perder inútilmente tiempo y energía valiosos.

Recomendación:

Di en voz alta «Estaba equivocado», cada vez que te descubras en un error.

Si estás solo, dílo en el momento exacto de descubrirlo.

Si estás acompañado, espera a estar solo y dílo en voz alta.

Cada vez que te equivoques ante alguien que tenía razón, no importa el tema, admite ante ella que estabas equivocado.

Trata de seguir estas recomendaciones durante más de un mes. Cuando hayas pasado por una buena cantidad de estas simples experiencias de reconocimiento te habrás acostumbrado a aceptar que los errores rutinarios son algo muy normal y comenzarás a obtener muy buenos beneficios de tal reconocimiento.

Monólogos molestos
Es absolutamente normal tener un continuo monólogo en la mente. Pero muchas veces este parloteo mental es perjudicial. Nos puede afectar emocionalmente (nos decimos - o una voz mental nos dice - cosas que nos entorpecen o entristecen o mal predisponen) y nos puede afectar intelectualmente (el monólogo descontrolado no nos permite enfocarnos ni concentrarnos).

Prueba con los siguientes recursos (seguramente hallarás la ocasión de aprovecharlos bien):
Re-etiquetar: Tendemos a ponerle etiquetas a la experiencia. Supongamos que tenemos una competencia o que actuamos ante público. Las palmas de las manos empiezan a transpirar, se nos retuerce el estómago y nos sonrojamos. Nos decimos que estamos poniéndonos nerviosos; y con eso nuestra inquietud aumenta cada vez más. Por el contrario, también podemos decirnos que estamos sintiendo las manifestaciones de energía que naturalmente acompañan a toda situación importante. Con esto reorientamos la energía hacia lo que tenemos que hacer.

Re-editar: Es posible que estemos oyendo una voz que nos repite una y otra vez conceptos negativos. Puede estar diciéndonos que no servimos para nada y que nunca conseguiremos lo que buscamos. El truco para combatir esto es repetir la frase molesta en voz alta. Usando las mismas palabras, pero "editándolas", cambiando su calidad y cualidad. Podemos tapar esa voz con la letra de una canción o con un recitado que confeccionemos a nuestro gusto. Si estamos muy complicados con una situación y la voz nos lo recuerda una y otra vez, entonces reduzcamos la velocidad de las palabras hasta que parezcan arrastrarse y veamos qué sucede. Si llegáramos a oír una voz muy molesta, sólo modifiquemos la calidad y cualidad de esa voz. Controlémosla "editándola" y haciéndola más intensa, luego más baja, más rápida, más lenta, más cercana, más alejada, etc.

Re-enfocar: Esto es aminorar la velocidad de los pensamientos y escuchar bien lo que están diciendo. El mejor método para lograrlo consiste en visualizar una fuente para las palabras que escuchamos, algo así como una televisión o una radio portátil. Imaginemos que es un aparato de gran calidad, y que podemos oír las palabras principales y las de segundo plano. Cuando hacemos esto, es mucho más sencillo no dejarse atrapar por el monólogo mental.

Aprendizaje sin fin
Cuando alcanzamos ciertas metas empezamos a solidificarnos mentalmente y desarrollamos hábitos que nos liberan de seguir pensando en lo que antes estábamos obligados a pensar. Y así es que perdemos fluidez en nuestras habilidades mentales y nos acostumbramos a hacer lo que nos evita tener que aprender cosas nuevas.

Recuerda:

El proceso de aprendizaje no tiene fin. El beneficio de aprender es la capacidad para aprender más.
Aprendemos si queremos aprender. Ponte en una situación en que debas actuar. Explícale o demuéstrale algo a otra persona. Procura hacer algo que te obligue a aprender.

También aprendemos bien cuando nos divertimos. Explora los aspectos llamativos e interesantes de aquello que te propones aprender. Juega con las posibilidades. Experimenta sin miedos.

Confía en tu habilidad de adaptación. Cuando te encuentres ante una situación nueva, sé flexible. Mantén tu mente abierta y lista para aprender.

Preguntando correctamente
Las preguntas que ayudan a la comprensión se plantean con honestidad pero nunca van encaminadas a impresionar o derrumbar a los demás. Hacer preguntas espectaculares o abrumadoras no ayuda en nada a la comprensión, si es que estamos interesados en ella.

Haz tus preguntas sin desafiar. Si no entiendes lo que ha dicho el que habla, no lo desafíes. Es mejor decir: «En otras palabras, usted piensa ...?» Si estás equivocado tu interlocutor te corregirá con buenos modos.

No preguntes para señalar los errores del otro. Es inútil evidenciar los errores ajenos con nuestras preguntas. Sólo las preguntas creativas sirven al que las hace. Antes de atacar las creencias ajenas con tus preguntas, aprende a basar mejor tus propias creencias.

Plantea preguntas, pero no cuestiones. A nadie le gusta que le cuestionen. «¿Y usted cómo sabe eso?» es una manera de preguntar insolente. Preguntar correctamente es algo completamente distinto. Cuanto menos personales sean tus preguntas, mejor. Formúlalas con el mayor grado posible de impersonalidad y respeto.

No temas hacer preguntas. Notarás que puedes aprender tanto de quienes no quieren ser interrogados como de quienes disfrutan con las preguntas.

Observa la actitud al interrogar y atiende a las maneras de preguntar de otras personas. Permanece atento y detecta a las preguntas impertinentes que otros realizan. Atiende a las preguntas para distinguir cuáles se plantean para obtener información y cuáles se plantean como críticas solapadas.

Para comunicarse mejor
Los expertos en oratoria recomiendan enfáticamente los siguientes puntos:
Comunicarse es algo más que decir, también es obtener respuestas adecuadas.
Para comunicarnos de manera eficaz debemos aprender antes a escuchar y observar con atención.
Al comunicar es muy importante el estado de ánimo. Una actitud abierta, bien predispuesta y positiva favorece la comunicación.

Debiéramos dirigirnos más al sentimiento que a la razón. Siempre se entiende mejor el sentir que el razonar. Las razones difieren mucho según los intereses personales.

Tenemos que quitar todo lo que pueda interferir con nuestro mensaje, todos aquellos detalles que impidan “llegar” como deseamos. Mensaje oral e imagen deben complementarse con coherencia, caso contrario el interlocutor tendrá dificultad en entender el mensaje.

Ten presente estos consejos a la hora de prepararte para realizar una exposición. No son cosas difíciles de entender ni difíciles de aplicar.

Para escuchar y tomar apuntes

Estas simples sugerencias te ayudarán a mejorar tus habilidades para escuchar y tomar un buen registro de presentaciones, clases, conferencias, documentales, etc.

Prepárate mentalmente. Haz un esfuerzo e intenta dejar a un lado las cosas que te distraen (las tareas de la casa, el examen pasado, los problemas del trabajo, una discusión reciente o cualquier fantasía entretenida) y piensa en lo que estás a punto de escuchar. Abre tu mente a la presentación y al tema de la charla. La escucha y la toma de apuntes no deben ser cosas mecanizadas. Nunca pases por alto este requisito.

Piensa para escribir mejor. Cuando tomes apuntes no escribas cada palabra que se pronuncie en la exposición. Identifica los conceptos y las ideas claves y escribe la información con tus propias palabras. No seas literal.

Observa para escuchar mejor. Mientras escuchas observa lo que el expositor hace. Frecuentemente los expositores muestran lo que es importante deletreando enfáticamente algunas palabras, escribiendo en la pizarra o haciéndolo en las transparencias que van mostrando. Lo que es importante también puede ser señalado con las expresiones faciales, los gestos y el cambio en el tono de voz. No subestimes la importancia de estas señales.

Pregunta para pensar mejor. Cuando tomes apuntes, pregunta y reflexiona en las respuestas a las siguientes preguntas. ¿Cuál es el tema? ¿Qué se dice del tema? ¿Cuál es el mensaje o comentario principal? ¿Cómo podría ser de utilidad esta información? ¿De qué manera se relaciona esta información con tu vida y con lo que ya sabes?

Mantén estos consejos presentes hasta que notes que se hacen hábito. Esto ocurrirá naturalmente como consecuencia de los mejores resultados que obtendrás.

Para leer ideas en vez de palabras
Una de las partes más importantes en el desarrollo de la agilidad lectora es el saber alternar entre la lectura mental pura (lectura de ideas sin sonidos mentales u orales) y la lectura mental mixta (subvocalización o lectura con el sonido mental de nuestra propia voz leyendo el texto). Pero antes de lograr cualquier avance en este sentido es necesario este paso intermedio: lograr sentir la diferencia entre ambas formas de leer.

La diferenciación entre los dos tipos de lectura puede ser alcanzada con los siguientes pasos:

Elige una novela de fácil lectura. Necesitarás material fácil de entender para disminuir al máximo la posibilidad de subvocalizar. Esto será necesario porque incluso un buen lector tiende a la subvocalización cuando lee material de difícil comprensión o conteniendo frases u oraciones con palabras desconocidas o extranjeras.

Cuenta oralmente (sonoramente) a partir de uno en adelante, mientras lees las páginas intentando captar las ideas silenciosamente, con la lectura mental pura (activas el sistema de fonación con otra cosa, de modo que la mente no pueda subvocalizar).

Cuando puedas leer silenciosamente mientras cuentas de forma sonora, trata de hacerlo siempre en vez de subvocalizar. Procura tener suficiente práctica para adquirir esta habilidad completamente hasta llegar a poder hacerlo con material más complejo.

Una vez que puedas leer silenciosamente mientras cuentas, aumenta tu velocidad de lectura. Cuando tu velocidad de lectura supere las 360 palabras por minuto, los dos tipos de lectura se distinguirán claramente para ti.

Nota: un lector que utilice hábilmente la lectura mental pura en vez de la subvocalización, puede detectar más fácilmente cuando procesa mal el material porque cambia automáticamente al modo de lectura con subvocalización. El cerebro se esfuerza naturalmente en dar significado a lo desconocido; si nos encontramos repentinamente subvocalizando cuando normalmente leemos con la lectura mental pura, esto es una clara indicación de que acabamos de ir más allá de una palabra mal entendida o de un grupo de palabras que forman un concepto al que no le hallamos sentido. Si eso nos ocurre, hallemos la definición de las palabras mal entendidas y luego reconsideremos el concepto.

Ayuda extra para desarrollar una habilidad
Este recurso puedes utilizarlo siempre como parte del desarrollo de una habilidad para operar instrumentos, equipos, instalaciones o algo relacionado a cosas que hacer con objetos. Puedes utilizar variaciones de este truco de control de atención incluso en cualquiera de las actividades usuales de aprendizaje.

El procedimiento es extrañamente efectivo aunque extremadamente simple:

Observa y localiza algunos puntos específicos en la herramienta o dispositivo. No pienses en la importancia relativa de los puntos, sólo localiza algunos puntos.

Luego localiza mentalmente algunos puntos específicos pero dentro del dispositivo en su interior (no te preocupes por cerrar los ojos).

Luego, con los ojos abiertos, localiza algunos puntos más en la parte externa del objeto.

Luego, otra vez en el interior y percibiendo con la mente.

Continua haciendo esto, alternando 1 y 2, durante un rato.

Este procedimiento lo tienes que aplicar sistemáticamente - antes y después de cada sesión de aprendizaje o práctica - siempre que te interese aumentar el dominio o habilidad con un objeto.

Esto no sustituye al aprendizaje convencional basado en seguir instrucciones y tener experiencias autocorrectivas de ensayo y error. Pero te ayuda increíblemente a familiarizarte con un objeto mientras estás aprendiendo sobre él, y mejora notablemente tu percepción y tu alerta en relación al mismo. Por todo ello decimos que influye en mejorar tu desempeño.

Este recurso puede ayudar con la ejecución de un instrumento musical tan bien como con los deportes. Hacer un poco de esto con el teclado de un piano o el mástil de una guitarra, por ejemplo, puede ayudarte a mejorar tu digitación. Igualmente, si lo haces con un balón y un arco o un balón y una canasta de baloncesto, fíjate cómo mejora tu puntería.

Deshacernos de lo inútil
Muchas veces no nos desprendemos de las cosas por temor a descubrir tardíamente que eran importantes, y cuando ya no las tenemos. De esta manera comenzamos a acumular en el escritorio papeles, libros, objetos, y anotaciones inútiles o insignificantes.

Si quieres comenzar a mejorar tu uso del tiempo, entonces comienza por mejorar tu organización en las tareas y en el ambiente en el que trabajas mentalmente. No perderemos nuestra personalidad por mantenernos más organizados.

Todo lo que haya permanecido más de un mes encima de tu escritorio, sin que lo hayas leído o trabajado, desplázalo a otra ubicación. A un archivo o a la basura.

Si hace mucho mucho que no ordenas tu escritorio, ni archivas, ni tiras nada, entonces divide los papeles en tres pilas que representan a tres categorías obvias pero muy prácticas:

Acción inmediata: pon en ella los papeles con lo que hay que resolver o hacer en ese mismo día.
Acción pendiente: pon en ella los papeles para trabajar en la semana.
Acción reciclado: pon en ella los papeles para archivar o tirar a la basura.

Trata de mantener el orden en tu escritorio día a día; si te resulta imposible llevarlo con esa frecuencia, hazlo semanalmente.
No sólo mejorarás tu rendimiento en tiempo, también tendrás la mente más despejada.

Re-Recordar
Supongamos que tenemos que recordar algo y tenemos la certeza de que lo teníamos presente pero ahora nuestro recuerdo arroja un vacío. ¿Qué podríamos hacer para recordar esto que se nos escapa?

En vez de continuar concentrándonos en lo que no podemos recordar (cuando estas cosas pasan solemos pensar más y más en lo que no recordamos) intentamos “revivir” el pasado inmediato. Sí, eso. Revivir el pasado inmediato. Podría ser retroceder y volver a avanzar desde los últimos minutos, tanto como las últimas 24 horas o podría ser desde una semana o quincena.

El secreto en re-recordar es permitir fluir libremente a la memoria, sin intentar enfocarla en una cosa específica. El truco está en “olvidarnos” de lo que estamos intentando recordar y en hacer un bypass al vacío (lo que hemos olvidado) mediante cada posible conexión con el elemento olvidado que se nos vaya manifestando espontáneamente mientras "revivimos".

Generalmente, la mejor manera de hacer esto es “reviviendo” relajadamente todas las experiencias que conecten de cualquier manera con lo que estamos intentando recordar. Esta técnica trabaja muy bien en todos los casos. En esas ocasiones en que no obtenemos el recuerdo inmediatamente, terminamos el ejercicio de “volver a vivir”, y damos a nuestro cerebro-mente la instrucción de seguir trabajando en el asunto subconscientemente. Lo cual hará, seguirá trabajando en ello en un nivel inconsciente mientras nosotros seguimos haciendo otra cosa. Dentro de algunas horas, o días después de esta “programación”, nuestra memoria presentará repentinamente - y en cualquier situación en la que estemos - el artículo que habíamos olvidado.

Esta técnica de recuerdo indirecto mejora el resto de los aspectos de nuestra memoria y además aumenta nuestra autoconfianza; por más que hayamos olvidado algo aprendemos dos cosas importantes: que todo está archivado en nuestro inconsciente y que tenemos un archivista muy diligente que puede solucionar cualquier problema de memoria que le confiemos.

Memorizar con el cuerpo
Cuando se trata de memorizar, de estar seguros de poder recordar, todos tenemos que hacer algo más o menos complicado para lograr asegurar el recuerdo. Repetir, asociar, aplicar recursos mnemotécnicos. Hemos visto varios recursos para ello. Esta vez, veremos cómo memorizar utilizando a nuestro propio cuerpo. Está dentro de las fórmulas más simples.

Veamos cómo es:

Primero debemos tener una lista de los elementos que deseamos memorizar. Es muy importante que consideremos esto: debemos reducir lo que deseamos memorizar a un listado de palabras clave. Las palabras clave deben ser los disparadores del recuerdo, como cuando nos acordamos de todo lo que representa para nosotros la palabra "ceremonia". No es muy útil hacer un listado de frases o párrafos y, además, terminamos descubriendo que es innecesario.

Una vez que tenemos la lista, empezando por el primer elemento de la misma, nos hacemos una imagen mental del elemento. Es necesario tener una imagen mental del elemento, no importa si es una palabra concreta o abstracta, conocida o desconocida. Aquí la consigna es tener una imagen mental del elemento. Y esto no significa tener una imagen mental de un cartel luminoso con la palabra. Así que la imagen debe ser de algo tangible que represente para nosotros a la palabra. Ejemplos: si la palabra fuera misión podríamos ver mentalmente a un grupo comando, armado hasta los dientes, como los que tantas veces se ven en las películas. Si la palabra fuera oxaluria podríamos ver mentalmente a una osa con furia, o a una osa solamente. Si la palabra fuera jurisprudencia, aunque no supiéramos exactamente qué signifique, sabiendo que se relaciona con la justicia y los jueces, podríamos imaginar a un juez dictando sentencia en la corte o a la estatua de la justicia o a un juez, con su atuendo típico, cruzando una avenida por la senda peatonal, prudentemente.

Una vez hecha la imagen mental del elemento la relacionaremos imaginariamente y estrafalariamente con una parte de nuestro cuerpo. Conviene hacer esto siguiendo un cierto orden. Comenzaríamos por nuestro cabello y seguiríamos hasta los pies. Verás que tenemos suficientes partes en nuestra anatomía como para memorizar una lista medianamente larga. Fíjate: cabellos - nuca - frente - cejas - orejas - ojos - nariz - boca - mentón - cuello - hombros - codo - mano - pecho - espalda - abdomen - genitales - glúteos - rodillas - pies. Ejemplos: a la imagen mental del primer elemento podemos asociarla imaginariamente con nuestro cabello. Suponiendo que se trataba de misión, nos imaginamos al grupo comando tirando de nuestro cabello o cortándonos el cabello con sus armas. Si la palabra fuera oxaluria, nos imaginaríamos a la osa furiosa jalándonos del cabello. Si la palabra fuera jurisprudencia, podríamos imaginarnos al juez cortándonos el cabello.

Así se procede con toda la lista. Verás que te costará muy poco comenzar a aprovecharte de este "truco". El mejor resultado lo tendrás si realmente sabes lo que significa cada palabra clave que hayas anotado en tu lista.

Relectura para retener
Leer, leer y releer no es nada malo, para muchos ha sido y es la única manera de memorizar. Sin embargo, todo se puede mejorar. La relectura para retener tiene mejor resultado final si está programada en una secuencia:

La primera lectura debe ser lo más rápida posible y de captación global.

La segunda lectura debe ser casi inmediatamente después de la primera. También de captación global. Y casi tan rápida como la primera.

La tercera lectura, esta vez para registrar en detalle, debe ser hecha antes de que transcurra 1/2 hora. Y debe ser hecha a la velocidad que necesites para captar y comprender todo.

Es necesario un ajuste de ensayo y error antes de que te lances a memorizar por mera relectura. Ensaya esta estrategia con textos distintos y nuevos para tí, de no más de una página. Comenzarás a obtener buenos resultados (te darás cuenta rápido) después de aplicarte con unos pocos textos (te aconsejamos que no sean menos de 10 textos).

Interesante e Interesado
Un paso básico para ser más creativos es cultivar el interés que ponemos en las cosas y el interés que despertamos en otras personas; además, es una manera de poner la mente en acción, muy simple y muy directamente.

Para ayudarnos, podemos seguir algunos principios.

Uno de ellos es adoptar un poco más de distensión intelectual. Por ejemplo: fuera de lo que conocemos muy bien, sea nuestro pasatiempo preferido, especialidad o trabajo, no está bien que supongamos continuamente que ya sabemos cómo son las restantes cosas del mundo, ni que no importaría demasiado saber cómo son. Tenemos que aflojarnos y experimentar cada cosa concreta sólo como lo que es, y no como lo que podríamos pensar que es. Esto nos vuelve más receptivos a lo que el "mundo exterior" nos manifiesta.

La consigna más sencilla es que cuando algo nos estimule con apenas un poco de interés, tenemos que prestarle más unidades de atención. El mundo nos debe interesar, y es difícil saber qué experiencias conllevan una oportunidad para nosotros a menos que nos sumerjamos conscientemente en ellas.

También podemos volvernos más interesantes. Al menos, siempre podemos sorprender a una persona cada tanto. Por ejemplo, en vez de decir siempre las mismas cosas acerca de un tema, podemos emitir una opinión que no nos habíamos atrevido a manifestar, o podemos hacer una pregunta clave que manteníamos en nuestra mente por timidez. Por supuesto, todo esto bajo la premisa de respetar a las demás personas.
Por último, hagamos un balance diario del tipo interesante/interesado: escribamos las ocasiones en las que hemos resultado interesantes para otros y aquéllas en las que algo - lo que fuere - nos ha interesado. Por un tiempo, adoptemos el hábito de registrar nuestras experiencias en este sentido, como un naturalista en tierras vírgenes.

Casi no hay cualidad más mágica que el interés para estimular la actividad mental. En cada día podemos sorprendernos con algo que vemos, oímos o sentimos. Y en cada día podemos resultar una agradable sorpresa para otros.
posted by MG at 12:10 AM
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